
Me gustaría practicar más sexo anal, pero sigo sintiendo dolor. ¿Qué puedo hacer para solucionarlo?
Paso 1: ¿Qué tipos de relaciones sexuales te estimulan más?
A veces, la gente cree que debería poder practicar sexo anal, y en particular la penetración, independientemente de las circunstancias. Pero eso no es cierto. Es fundamental reflexionar sobre las circunstancias en las que mantenemos relaciones sexuales —como con quién, qué tipo de sexo practicamos y qué ocurre a nuestro alrededor— para asegurarnos de que se trata de una situación que realmente nos excita, en lugar de desanimarnos.
Lee más sobre comprender y aceptar tus afecciones para disfrutar de una vida sexual plena.
Paso 2: Ofrecer a tu cuerpo una experiencia diferente de penetración
Ejercicios de Kegel
Estos ejercicios están diseñados para fortalecer los músculos del suelo pélvico, que se extienden desde la parte delantera de la pelvis hasta la base de la columna vertebral, por debajo del hueso pélvico. Las contracciones de estos músculos ayudan a producir sensaciones placenteras durante el sexo anal, pero también pueden provocar espasmos y tensiones que pueden hacer que la penetración resulte dolorosa o, para algunas personas, imposible.
Al igual que cualquier otro músculo del cuerpo, los músculos pélvicos pueden entrenarse para que se vuelvan más fuertes y flexibles. Si no se utilizan ni se estiran con regularidad, tienden a tensarse y a perder flexibilidad en general. La falta de ejercicio, el embarazo, el sobrepeso y la menopausia pueden contribuir al debilitamiento de los músculos pélvicos. Al practicar estos ejercicios, podemos aprender a percibir si estos músculos están relajados o tensos, y a tener un mayor control sobre su relajación cuando comienza el acto sexual.
Primeros pasos
Para localizar los músculos pélvicos, contrae el ano, como si intentaras detener el flujo de orina al orinar o retener la evacuación intestinal. Al principio, es posible que también contraigas los músculos del abdomen o de los muslos, pero con la práctica podrás aislar únicamente los músculos pélvicos.
Una vez que los hayas localizado, contrae y luego relaja los músculos para acostumbrarte a las sensaciones de tensar y luego relajar.
Práctica habitual
- Al principio, empieza por contraer y relajar los músculos quince veces. Esto debe hacerse al menos dos veces al día, y puedes hacerlo sin que nadie se dé cuenta (por ejemplo, mientras estás sentado en el trabajo, viendo la televisión o conduciendo).
- Una vez que te sientas cómodo, aumenta gradualmente el número de contracciones hasta que puedas hacer unas 50 de una sola vez sin problemas.
- Llegados a este punto, en lugar de relajar los músculos inmediatamente (ejercicios de Kegel cortos), mantén las contracciones durante 3-5 segundos (ejercicios de Kegel largos). A continuación, puedes practicar tanto los ejercicios de Kegel largos como los cortos un par de veces al día, alternando entre ambos.
Para la mayoría de las personas, se tardará al menos un mes (a veces más) en notar algún cambio en los músculos pélvicos, pero con la práctica empezarás a ver diferencias. Empezarás a notar que tienes más fuerza al contraer los músculos y más control a la hora de relajarlos (con una mayor conciencia de las diferencias entre estos estados).
Practicar la penetración
Esta estrategia está pensada para introducir la penetración (si así lo decides) de forma lenta y gradual, a tu propio ritmo.
Utilizando los dedos o un pequeño juguete sexual, la idea es enseñar a los músculos del ano a relajarse y a acostumbrarse poco a poco a tener algo dentro. Los juguetes sexuales o consoladores pueden utilizarse tanto para el sexo vaginal como para el anal. Se pueden comprar por Internet en diversas tiendas y hay de diferentes formas y tamaños. Es recomendable empezar con algo pequeño e ir aumentando el tamaño poco a poco, si así lo deseas, a medida que ganes confianza.
Como alternativa, puedes utilizar los dedos, empezando por el más pequeño (o incluso solo la yema de un dedo) y yendo aumentando hasta dos o incluso tres dedos. Esto equivale más o menos al tamaño de un pene.
Independientemente de lo que utilices, el objetivo es empezar con la forma de penetración más pequeña y aumentar gradualmente el tamaño. Si te gustaría mantener relaciones sexuales con penetración mediante un pene, puedes continuar poco a poco hasta que puedas introducir con comodidad y facilidad algo que se acerque al tamaño de un pene.
Preparación, preparación, preparación
No podemos insistir lo suficiente en la importancia de prepararse antes de intentar cualquier tipo de penetración. Si empiezas antes de que tu cuerpo esté preparado y te sientas cómodo, puede causarte dolor, resultar una experiencia desagradable y hacer que sea menos probable que quieras seguir practicándolo en el futuro.
Deberías dedicar tiempo a:
- Relájate. Quizás te apetezca darte un baño, escuchar música o leer un libro. En definitiva, cualquier cosa que te ayude a sentirte tranquilo y a gusto.
- Empieza con otras formas de contacto físico excitante. Dedica tiempo a poner tu cuerpo en el estado de ánimo adecuado para el sexo. Esto puede consistir en tocar otras partes de tu cuerpo, estimular tus genitales o pensar en una fantasía o experiencia sexual.
- Busca una postura que te resulte cómoda. Muchas personas prefieren estar tumbadas boca arriba, pero tómate tu tiempo para encontrar la postura que mejor te vaya.
- Aumenta al máximo la lubricación. Es importante recordar que el ano no produce su propia lubricación. Es fundamental utilizar abundante lubricante cada vez que intentes la penetración, con el fin de maximizar la comodidad y el placer. ¡Nunca se usa demasiado lubricante!
Paso a paso
Empieza con un juguete sexual pequeño o con un dedo (incluso podrías usar solo la punta de un dedo al principio) e intenta introducirlo suavemente hasta donde te resulte cómodo. Puede que tengas que intentarlo varias veces antes de poder introducirlo hasta el fondo.
Si sientes molestias, dolor o simplemente parece que no entra, es señal de que los músculos del ano se han tensado. Han aprendido a hacerlo para protegerte del dolor, por lo que debes hacer algo para relajarlos. Quizás puedas probar con una estimulación menos intensa para recuperar la excitación, cambiar de postura o utilizar las técnicas que has aprendido con los ejercicios de Kegel para volver a relajar los músculos.
No pases a un juguete sexual más grande ni a uno o varios dedos hasta que te sientas completamente cómoda con el tamaño más pequeño primero. Una vez que puedas introducirlo con facilidad, intenta aumentar poco a poco el tiempo que mantienes el juguete sexual pequeño o el dedo dentro de ti. La idea es mantenerlo dentro hasta que las sensaciones de ansiedad hayan remitido (lo que puede llevar varios minutos). De esta forma, podrás empezar a romper la asociación entre la penetración y la ansiedad o el dolor, y, en su lugar, crear una nueva asociación entre la penetración y la sensación de comodidad y excitación.
Preparación
Para algunas personas, basta con la penetración de un juguete sexual pequeño o de un dedo, y no tienen ningún deseo de pasar a algo más grande. Para otras, aumentar el tamaño del juguete sexual o el número de dedos resultará placentero y les acercará más a imitar el sexo con una pareja (es decir, acercar el tamaño al de un pene o a un juguete sexual más grande).
Cuando puedas introducir el juguete sexual más pequeño o un dedo sin apenas molestias, o sin ninguna, podrás pasar al siguiente tamaño (utilizando un juguete sexual más grande o aumentando el número de dedos). En cada etapa, tómate tu tiempo para sentirte cómodo y relajado, y para alargar el tiempo que consigues mantenerlo dentro del ano.
Pasa al siguiente tamaño solo cuando estés seguro de que puedes utilizar el tamaño actual con facilidad y comodidad.
Práctica habitual
Intenta practicar todos los días. Para empezar, las sesiones deberían durar unos 10 minutos cada vez, y este tiempo irá aumentando a medida que te sientas más cómoda. Pueden hacer falta muchas sesiones para llegar a utilizar el dilatador más grande o a introducir dos o tres dedos, así que no te preocupes si te parece que está llevando tiempo. Lo más importante es que avances a tu propio ritmo y que practiques con regularidad, independientemente de la rapidez con la que progreses en las distintas etapas.
Involucrar a la pareja
Cuando hayas superado las etapas descritas anteriormente y te sientas preparado, quizá quieras probar la penetración con tu pareja.
Es importante que tu pareja sepa cuándo estás lo suficientemente excitada, para que pueda estar segura de que se han producido los cambios internos que hacen que el sexo resulte cómodo. Debe guiarse por ti a la hora de decidir cuándo iniciar la penetración y con qué (pene, dedo, juguete sexual, etc.). Debe ir despacio y detenerse, reducir el ritmo o retirarse si se lo pides.
Se recomienda que, al principio, dejes que tu pareja te penetre despacio y con suavidad. Una vez que esté dentro, tómate tu tiempo para mantener esa posición y acostumbrarte a las sensaciones. Al igual que con los ejercicios anteriores, es importante que se mantenga dentro el tiempo suficiente para que te relajes y te sientas cómodo con las sensaciones de la penetración.
Cuando sientas que estás relajado y que la penetración de tu pareja te resulta cómoda, puedes incorporar movimiento (si lo deseas). No importa quién de los dos se mueva ni las posturas que decidáis explorar; lo importante es mantener la relajación y centrarse en las sensaciones que aumentan vuestra excitación. Es importante que os comuniquéis con vuestra pareja sobre lo que os funciona. También es importante que quien reciba la penetración sea quien decida cuánto movimiento hay, cuándo parar y cuándo reanudar.
Pide ayuda
Si, tras un tiempo practicando las técnicas descritas anteriormente, consideras que no ha habido ninguna mejora en tus dificultades con el sexo anal, quizá te interese hablar con tu médico de cabecera. Puedes informarte sobre cómo conseguir que te deriven a un terapeuta psicosexual en tu zona, o puedes ponerte en contacto con nosotros para que te asesoremos sobre cómo obtener ayuda desde aquí.