Bienestar sexual y asesoramiento

Cómo controlar la ansiedad y aumentar el nivel de excitación

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Las sensaciones de estrés y ansiedad son habituales y pueden afectar a nuestro funcionamiento sexual, lo que nos impide disfrutar del tipo de relaciones sexuales que nos gustaría tener (lee más sobre cómo la ansiedad afecta a la función sexual).

Afortunadamente, hay muchas cosas que podemos hacer para relajarnos y optimizar nuestros niveles de excitación, lo que ayudará a que nuestro cuerpo funcione sexualmente. Estos son nuestros mejores consejos.

Relajación

Antes de iniciar cualquier actividad sexual o las tareas que se indican a continuación, piensa primero en cómo podrías sentirte más relajado. Si estás estresado tras un largo día de trabajo o te sientes frustrado con tu pareja, es poco probable que te sientas lo suficientemente relajado como para tener el tipo de relaciones sexuales que te gustaría.

Prueba algunas actividades que te ayuden a relajarte; puede ser cualquier cosa, pero lo más habitual es que la gente diga que le resulta útil darse un baño o una ducha, escuchar música o ver la televisión.

Aumentar la conexión con el momento presente

A menudo, en situaciones sexuales, podemos encontrarnos distraídos, preocupados o pensando en otras cosas. Este desvío de la atención de la propia experiencia sexual suele producirse rápidamente (y, con frecuencia, escapa a nuestra conciencia).

Sin embargo, no estar presente en las situaciones sexuales puede hacer que nos resulte mucho más difícil conectar con aquello que podría despertar nuestra excitación, y nos puede hacer tener dificultades para maximizar las posibilidades de que nuestro cuerpo responda con la consistencia que nos gustaría.

Consulta la sección «Vivir el momento» para obtener más consejos sobre cómo aumentar nuestra conexión con el momento presente y maximizar la excitación.

Saber qué te excita

Tener una idea clara de lo que nos excita puede ayudarnos a comunicar nuestras necesidades en una situación sexual y a asegurarnos de que practicamos el tipo de sexo que más probabilidades tiene de mejorar nuestra función sexual. A veces nos referimos a esto como nuestras condiciones para tener buen sexo.

Piensa en momentos en los que hayas disfrutado del sexo y haz una lista de las cosas que te han excitado. Si no has tenido muchas experiencias positivas con el sexo, intenta pensar en cosas en las que hayas pensado, que hayas visto o sobre las que hayas leído y que puedan excitarte. Intenta ser específico: piensa en tipos o zonas de contacto, posturas o actos sexuales, el entorno, la hora del día, etc. El siguiente ejercicio puede ayudarte si te sientes inseguro.

Es importante que sepamos qué condiciones son necesarias para disfrutar del sexo. Lee más sobre las condiciones para tener buen sexo.

Explora tu cuerpo

El objetivo de este ejercicio es comprender mejor qué es lo que te excita al tocarte el cuerpo.

Autotacto

No es necesario que te sientas excitado antes o durante este ejercicio, aunque si la excitación va en aumento, tampoco pasa nada. Dedica un rato a acariciar tu cuerpo e intenta generar diversas sensaciones mediante diferentes formas de contacto. Puedes tocar cualquier parte de tu cuerpo y no es necesario que incluyas los genitales si no lo deseas. Concéntrate en prestar atención a las sensaciones que te resultan placenteras.

Si te excitas mucho, por ejemplo, si tienes una erección o te humedeces, no pasa nada, pero el objetivo de este ejercicio no es alcanzar una meta concreta. No se trata de excitarse ni de alcanzar el orgasmo, ni tampoco de realizar ningún tipo de acto sexual.

En su lugar, la atención se centra en que aprendas más sobre lo que te gusta al sentir el contacto en todo tu cuerpo y en que prestes más atención a las sensaciones y emociones que podrían ayudarte a sentirte relajado o abierto a nuevas experiencias sensuales. No hay nada correcto ni incorrecto en esto, pero puede ayudarte a ganar confianza y a conocer mejor qué es lo que le funciona a tu cuerpo, además de permitirte desarrollar una idea de los tipos de sensaciones y las zonas de tu cuerpo que consideres que deben recibir mayor atención para ayudarte a generar sensaciones de relajación y excitación a largo plazo.

Explorar con una pareja

Una vez que te sientas cómodo explorando tu propio cuerpo, quizá quieras probar a hacerlo con tu pareja. El ejercicio es exactamente el mismo que el anterior, pero en este caso le pides a tu pareja que te toque el cuerpo y los genitales. Tú también puedes tocar el cuerpo de tu pareja. El objetivo es el mismo: centrarte en las sensaciones, el tacto y las posturas que te resulten más agradables. Puede ser útil planificarlo con antelación para aseguraros de que ambos sacáis el máximo partido al ejercicio:

  • Habla sobre cómo te sientes con respecto al ejercicio: puede que te resulte extraño o incómodo, y es importante que comentes cualquier problema que puedas tener a la hora de realizar las tareas. Es normal que haya algunos desacuerdos, y mantener una conversación abierta y pensar en formas de hacer que la tarea resulte más fácil te ayudará.
  • Planifica con qué frecuencia vas a realizar el ejercicio: cuanto más practiques, más provecho sacarás de las tareas. Pero no te sobrecargues: ¡practicar dos veces por semana es un buen punto de partida!
  • No te precipites: habla con tu pareja sobre los aspectos del sexo que más nervios te provocan y poneros de acuerdo sobre cómo ir avanzando al ritmo adecuado. Por ejemplo, empezando por que tu pareja te acaricie la espalda en lugar de los genitales.
  • Busca otras alternativas: asegúrate de que paséis tiempo juntos de forma agradable e íntima, en la que podáis expresar vuestro afecto sin mantener relaciones sexuales ni realizar estos ejercicios.

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